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Fernando Armas. Ignacia Rodulfo y la Fundación Ignacia. Una vida de compromiso y una institución centenaria. Felipe Portocarrero Suárez

El libro que comentamos reconstruye de una manera prolija y sólidamente documentada el comportamiento altruista de una de las más destacadas mujeres filántropas peruanas. Una figura que hizo del compromiso social hacia los más vulnerables su principal propósito de vida: María Ignacia Francisca Rodulfo y López Gallo. Entre la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, período durante el cual se desarrolla su fecunda biografía, los valores religiosos del catolicismo hicieron que Ignacia encontrara en las prácticas caritativas y en la ayuda a los menos afortunados una forma de trascender las limitaciones de nuestra humana mortalidad. A la largo de cinco capítulos, Fernando Armas logra una notable contribución al poco explorado campo de la historiografía peruana referido al comportamiento altruista y a las prácticas filantrópicas inspirados en la religión católica.

El autor presenta una lograda síntesis biográfica de Ignacia Rodulfo, desde sus primeros años hasta su fallecimiento en París a los 75 años de edad, dejando su patrimonio al servicio de lo que había inspirado su dilatada vida: las obras de piedad y la beneficencia. Estamos frente a una singular dama católica, cuya discreta trayectoria vital se inscribe en el cuadro más amplio de los procesos políticos y sociales del Perú decimonónico, incluida la Guerra del Pacífico (1879-1893) que abatió y empobreció, con una dureza inusitada, la vida de los peruanos de la época. La reconstrucción de la vida de sus padres y hermanos, de sus dos matrimonios, de las redes familiares y de los debates acerca del papel de la Iglesia Católica en la sociedad, forman parte del bien logrado escenario histórico que nos presenta Fernando Armas.

Asimismo, concentra su atención en las cláusulas testamentarias que dieron origen a la creación de lo que con el correr del tiempo se convertiría en la centenaria Fundación Canevaro, la que, según se nos dice, fue un “adelanto práctico para su tiempo” (sic.). Las complejas regulaciones contenidas en los Códigos Civiles de 1852 y 1870 -y más adelante el de 1936 y el de 1984-, dan cuenta de los diversos obstáculos normativos y jurídicos que la voluntad póstuma de la finada hubo de sortear para plasmar su propósito de crear una fundación con hondas raíces religiosas. Particularmente interesante es el acápite dedicado a lo que podríamos llamar en términos modernos la gobernanza de la Junta, a la composición de sus miembros y a las no siempre fáciles relaciones con la burocracia del Estado, sobre todo en lo concerniente a materias tributarias.

Fernando Armas aborda la gestión económica a lo largo de un siglo de vida institucional de la Fundación Ignacia. Se trata de una sección abundante en información cuantitativa y en el análisis de los avatares que hubo de atravesar la institución a lo largo de varias décadas. Durante la segunda mitad de la década de los años veinte, la gestión económica y administrativa realizada por la Junta y el Banco de Perú y Londres tuvo como objetivo cumplir con la voluntad de la finada, e incluso se contrató a una consultora para revisar las cuentas de esta última entidad financiera y mejorar su desempeño financiero. La gran depresión de 1929 impactó duramente a la fuente de ingresos de la Fundación al generarse una disminución de entregas monetarias por parte de algunas empresas, acumularse deudas impagas por el alquiler de varios inmuebles, caídas en las rentas generadas por los fundos agrícolas y, en general, al impacto que la aguda recesión productiva generó en la economía peruana.

Superada la crisis económica (1929-1933), desde este último año y hasta inicios de 1950, las finanzas de la Fundación se estabilizaron y la gestión patrimonial rentabilizó mejor sus activos inmobiliarios y agrarios, no obstante la presencia de un bache producto del terremoto de 1940. Puede decirse que la Fundación se adaptó bien a los cambios que se estaban generando en Lima como resultado del proceso de urbanización que comenzaba a despegar, proceso cuya velocidad se volvería exponencial en las décadas siguientes. Los diversos gobiernos y alcaldes de Lima que se sucedieron durante los años posteriores produjeron que la Fundación experimentase una profunda transformación en su estructura patrimonial, tal como lo ilustran los casos de los fundos Mendoza y San Juan, cuyas vicisitudes dan cuenta de los turbulentos años transcurridos sobre todo durante la Junta Militar de Gobierno con las continuas expropiaciones de terrenos y los subsecuentes litigios judiciales. Transparencia en la gestión económica y buen criterio en la gestión financiera caracterizan, según el autor, estas décadas difíciles y complejas, pese a que hacia fines de 1978 la política de inversiones hubo de ser limitada para regresar a las subvenciones originales. Luego de unos años 80 inestables, los 90s lograron estabilizar y mejorar el desempeño de la Fundación. La presentación de gráficos con las estructuras de ingresos y gastos en diversos años ayuda al lector a tener una perspectiva comparada y clara de la evolución experimentada en la composición patrimonial.

La inclusión del capítulo cinco representa un acierto en el mejor sentido de la palabra. El autor encargó a la periodista Carmen Solari y a la economista Vanessa Cantoral, la elaboración de lo que denominan ‘vidas transformadas’, es decir, biografías de personas que fueron beneficiadas por la Fundación Ignacia. Se trata de personas que llegaron siendo niñas al Puericultorio Pérez Araníbar y que, con el cuidado de las hermanas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y el correr del tiempo, se convirtieron en ciudadanos de bien, profesionales competentes y empresarios exitosos. La galería de personajes es notable: Dionisia Guardia, economista y empresaria ayacuchana; Félix Cuadros productor musical huaralino; Guillermo Urbano empresario limeño; Jorge Zegarra, clavadista profesional limeño; Karen Estrada, profesora en educación especializada en lenguaje y audición; y, Lucy Briones, profesora cesante jaujina. Luego de la lectura de estas breves biografías se hace evidente el papel esencial que jugó la Fundación Ignacia en la transformación de sus vidas.

El libro, en su versión amplia, termina con la inclusión de la lista de 6 anexos que proporcionan un interesante material histórico poco conocido que sirve de base a la narrativa de los cinco capítulos previos. En resumen, nos encontramos frente un valioso trabajo de reconstrucción histórica acerca de Ignacia Francisca Rodulfo, una mujer notable cuyo sentido de la responsabilidad social, anclado en firmes convicciones católicas, ha dejado un legado trascendente en la historia de la filantropía en el Perú.